Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2007.

5

De mi propia contradicción, ya agotada, vuelven joyas y letras de plata, aires conocidos madurados por el tiempo, voces de viento que envejecen con el orgullo de los lentos desastres.

Viajo por el mundo para escapar de las llamas de la angustia, llamas griegas (las verdaderas, las que describen los periódicos), llamas de sangre que laceran, sin piedad y sin consuelo, respiración y alma.

En la Plaza de Mina, en Cádiz, en la librería Manuel de Falla, pido Diálogos de Gente, del maestro Agustín García Calvo, convencido de que ciertas lecturas no sirven para mejorar el ánimo, aunque en esas estamos.

De Tristeza de ánimo, primer diálogo, subrayo la danza de la contradicción instantánea, el juego del placer que practico allí sin ganas, hecho un manojo de nervios, y que el mundo, encantado, juega sin mí alrededor de la Plaza.

“Ya, ya: no me lo repitas más, amigo –comenta uno de los personajes-, que demasiado lo veo yo, por más que me esconda por los rincones: y eso debe de ser por lo que me encuentras de más de triste: que por todas partes me asalta esa visión y ese ruido de prójimos y prójimas que se lo pasan pipa, o sea, vamos, que se lo creen, y tan convencidos de que a eso es a lo que están en este mundo, a trabajar para disfrutar de sus vacaciones, a comprar lo que les mandan envuelto en cintas y colorines, a entrecruzarse felicidades del uno al otro confín del Globo”.

Más tarde, ya en Tarifa, en una playa caliente y borrosa, los dioses nos regalan otra ración de espejismos.

Y, a pesar de abrir con fuerza los ojos, o precisamente por ello, nadie vence a la extraña sensación de caminar en sueños.

01/09/2007 18:14 Autor: cuadernogriego. #. No hay comentarios. Comentar.

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IDEA DE GRECIA

Todo parece indicar un principio, acostumbrados a pensar así, de esta manera.

La respuesta a una pregunta descansaría allí, en ese principio, o en el desarrollo posterior de ese principio, del guión predestinado que se muestra a partir de ese momento. Después de todo, nosotros buscamos la explicación siempre, sea cual sea el juego. Y, cuanto antes jugamos al juego de la construcción de los cimientos, todo parece justificado.

En un principio, justamente, en El nacimiento de la filosofía, Giorgio Colli nos invita a seguir un camino equivocado, es decir, el único camino posible para el noble ejercicio de la filosofía.

“La locura –afirma Colli- es la matriz de la sabiduría”.

Y, vistas así las cosas, dicho con fuerza lo dicho en el tono negado, ocultado, por la modernidad presurosa, será muy difícil, por no decir imposible, recuperar la razón intacta, o el arte sinsentido del sentido.

La pregunta, sin embargo, al principio de todos los principios, también se presentará de esta forma:

“¿Qué importancia tiene Grecia para la cultura contemporánea –preguntaba en 1992 Teresa Oñate al filósofo francés Pierre Aubenque-, cuál es su significatividad, qué podemos aprender de Grecia hoy y, sobre todo, qué no puede ver nuestra cultura si no es en Grecia, o más que en Grecia, en el caso de que lo hubiera…”

Y la respuesta de Aubenque a la interrogación de la catedrática española servirá para explicar la necesidad de este cuaderno griego, de esta Grecia poderosa donde nunca se doblegan los olivos, a salvo de todas las llamas, a salvo de todo.

“Creo que nuestro interés por la helenidad y el mundo heleno –contestó entonces Aubenque- viene determinado, y de modo fundamentalmente negativo, por el desencanto generalizado que se experimenta hoy en relación al mundo moderno. La filosofía contemporánea en muchos sentidos y de diversos modos se presenta como una crítica de la modernidad, es decir, como una crítica de las ideologías: en primer lugar de la metafísica moderna, que es, desde el reinicio cartesiano de la metafísica, una metafísica de la subjetividad y la racionalidad, y en segundo lugar, de la ciencia y técnica modernas, que son, sin duda, una consecuencia suya. Desde ese punto de vista pienso que la vuelta a lo griego tiene para nosotros hoy un doble y complejo significado: por un lado los griegos, la filosofía griega a través de todas sus formas y manifestaciones, y particularmente bajo su forma clásica –me refiero en especial a Aristóteles- están sin duda en el origen de la modernidad (la verdad es que no creo que haya habido revoluciones drásticas en el interior de la historia del pensamiento) en el sentido de que los tiempos modernos prolongan una dimensión central de la filosofía griega: la del lógos, la de ese cierto logocentrismo que aparece por primera vez en Grecia con Parménides, Platón o Aristóteles..; en lo que concierne a la ciencia está claro que fue Aristóteles el primero en elaborar un concepto riguroso de ciencia, de epistéme, el cual, pese a todas las transformaciones sufridas a partir del Renacimiento, ha continuado rigiendo la práctica moderna de la ciencia y haciendo posible la ciencia misma”.

Y, más tarde, entre muchas e interesantes cuestiones, Aubenque añade:

“Así pues, se puede decir, esquemáticamente, que los griegos están en el origen de la modernidad. Pero, por otra parte, y esto lo sabemos sobre todo a partir de Nietzsche, son también los griegos, y en particular la Grecia arcaica, quienes pueden ofrecernos una especie de contrapeso o hasta de alternativa a la modernidad, en la medida en que consideremos cómo el discurso lógico, logocéntrico o metafísico de Grecia se fue constituyendo progresivamente a partir de un suelo donde la mitología y la poesía, por ejemplo, jugaban un papel mucho más determinante, por lo que en consecuencia volver a lo griego, tal como ya preocupara a Nietzsche, podría suponer el reencontrarse con una posibilidad otra, distinta, con un pensamiento otro, diverso del que se ha vuelto dominante a través de las etapas ulteriores de la historia del pensamiento”.

¿La razón y la ciencia moderna, entonces, al comienzo del principio?

¿La locura, en el oportuno contrapeso, mucho antes del principio, como fuente primordial de la sabiduría?

A propósito de Heráclito, y de cierto concepto de armonía, Colli nos advierte de la posibilidad de ese desdoblamiento, de ese mostrarse así, lo que se une ante nosotros, en el día noche, verano invierno, guerra paz, saciedad hambre.

“Por consiguiente –señala Colli-, las obras del arco y de la lira, la muerte y la belleza, proceden de un mismo dios, expresan una idéntica naturaleza divina, simbolizada por un jeroglífico idéntico, y sólo en la perspectiva deformada, ilusoria, de nuestro mundo de la apariencia, se presentan como fragmentaciones contradictorias”.

Como el Genius romano de las Profanaciones de Giorgio Agamben, una cara de la moneda sostiene una antorcha encendida; la otra, mensajera de la muerte, vuelca la antorcha.

¿O no son así, precisamente, todas nuestras cosas?

03/09/2007 14:05 Autor: cuadernogriego. #. No hay comentarios. Comentar.

7

HUÉSPED DEL ALMA

Me lo pregunta la sabiduría eterna, sencilla, la misma voz que surge de la misma experiencia, la voz amiga, la voz atenta y elegante del ciberespacio, el eterno femenino: ¿cómo vas? –me interroga-, ¿resistes al invasor?

En Lo que dijo Nietzsche, Mazzino Montinari (colaborador de Giorgio Colli en la elaboración del soporte filológico de la edición crítica de la obra de Friedrich Nietzsche), reseña los inicios del filósofo en su trabajo diario de observación de sí mismo. A los diecinueve años, tal vez influido por la lectura de los ensayos de Emerson –nos cuenta Montinari-, Nietzsche escribe un pequeño ensayo titulado Sobre los estados de ánimo. Y allí, pensando sobre sí mismo, Nietzsche escribe:

“Confesémoslo: yo escribo sobre los estados de ánimo precisamente porque tengo un estado de ánimo; y es una suerte que justo ahora me encuentre en el estado de ánimo de describir estados de ánimo”; los estados de ánimo –señala Montinari- son como los huéspedes de nuestra alma: “Pero es extraño –concluye Nietzsche-, los huéspedes no llegan porque así lo queramos y no vienen por serlo, sino que vienen precisamente aquellos huéspedes que tienen que venir y sólo ellos. Todo lo que no es capaz de hacer reflexionar al alma tampoco la afecta; pero, puesto que es propio del poder de la voluntad hacer o no que el alma reflexione, sólo la afectará lo que ella quiera (…). Una de las inclinaciones más fuertes del alma es cierta curiosidad, una tendencia hacia lo insólito; así se explica que a menudo caigamos en estados de ánimo desagradables”.

El invasor, ahora, según esto, es el huésped del alma, y sólo él, dictador caprichoso, dicta las normas; el filósofo observa, en ocasiones, este curioso experimento, dejando constancia inmediata de esa curiosidad que desemboca, en ocasiones, en estados de ánimo desagradables.

El estado de ánimo desagradable sería la extensión incomprensible del invasor (al menos hasta la llegada de los especialistas) que ahora campa a sus anchas hiriendo como animal herido los universos del alma. Pero, llegados a este punto, también puede suceder que el invasor aparezca, a los ojos del filósofo, como una forma aproximada del conocimiento. A Remo Bodei, por ejemplo, el trabajo de campo le ha llevado hasta una zona del coraje donde dolor y pasión, ira, odio, celos o deseos de venganza, ultimarían esa estrategia que, parafraseando el título de una novela de Emilio Gadda, Bodei denomina “conocimiento del dolor”.

Para el Catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad de Pisa éste sería el caso. Aunque el caso, para otro colega suyo, el francés Clément Rosset, compartiendo en este caso experiencias conocidas, o cercanamente conocidas, deriva en cierta Travesía nocturna donde el dolor precisamente, depresivo, oscuro y alcohólico, se desborda más allá incluso de todas las formas conocidas del conocimiento. En Rosset hay también auto-observación y la constancia de la dificultad que supone hablar de uno mismo. Aun así el filósofo francés nos cuenta la historia de su invasor particular y las claves interiores para entender su desmedido abismo:

“La particularidad de este dolor –escribe Rosset-, de ser sin naturaleza definible como lo es sin causa aparente. Nadie la comprende, ni los psiquiatras ni los escritores que han sufrido o han intentado describirla, como Fitzgerald en La felúre o Styron en Face aux ténèbres. Styron dice que la angustia depresiva se relaciona un poco con el ahogamiento, con la asfixia, agregando por otra parte en seguida que es sin embargo totalmente diferente. Fitzgerald ha salido bien con unas piruetas admirables de fría y fúnebre ironía. En cuanto a mí soy incapaz de decir el horror que experimento algunas mañanas durante una hora, en el momento de abandonar el lecho. Sufro, pero de ninguna cosa; nada es causa de dolor en las imágenes, los pensamiento desfilan cuando estoy medio despierto. Ellas no obstante se acompañan de una descarga de sufrimiento absolutamente indescriptible. No he encontrado en ninguna parte descripción y sería incapaz de hacer una descripción yo mismo. Simplemente puedo decir que, y es la última definición que he encontrado, es un dolor sobreagudo, de orden no físico, cuya naturaleza y causa son desconocidas”.

Después de esto, el proceso de observación de los propios estados de ánimo queda subsumido en un profundo silencio. Hay que leer los episodios clínicos de nuestros compañeros, nuestros propios episodios clínicos, y dejar constancia de ello. Alcohólicos de las palabras, letraheridos adictos a los licores más exquisitos, buscando algo que reconforte nuestra naturaleza, debemos acabar con ello e intentar comenzar de nuevo. “Beber es, literalmente –explicaba Gilles Deleuze en las conversaciones con Claire Parnet que dieron forma a su particular abecedario-, hacer todo lo posible para acceder al último vaso”. Y añadía: “Eso es lo que interesa”.

11/09/2007 13:02 Autor: cuadernogriego. #. Hay 1 comentario.

8

PHILIA

¿Se pueden perder los papeles, así, como una sombra que se pierde entre las sombras, para toda una vida? ¿Y, si no es así, si al cabo de un tiempo puede uno volver a proponérselo, intentar recuperar el tiempo perdido a pesar del esfuerzo que esto conlleva? ¿Apretar los dientes e intentar elaborar acaso un par de letras dichosas? ¿Apreciar la sonrisa del espejo, el rostro del otro, eso que nunca has valorado por egoísmo estúpido, sucias pasiones, carácter o naturaleza?

No, no hay que escapar muy lejos, me temo. O, ¡quién sabe!, escapar tan lejos como permitan ya nuestras escasas fuerzas.

En su Ética a Nicómano, Aristóteles nos habla de ese bien tan preciado que se nos muestra a todos como virtud, o que va acompañado de virtud, es decir, lo más necesario (anakaiotaton) para la vida.

Amistad. Philia.

“Los amigos –dice Aristóteles- se necesitan en la prosperidad y en el infortunio, puesto que el desgraciado necesita bienhechores, y el afortunado personas a quienes hacer bien”.

Y también:

“La presencia de los amigos en la buena fortuna lleva a pasar el tiempo agradablemente y a tener conciencia de que los amigos gozan con nuestro bien. Por eso debemos invitarlos a nuestras alegrías porque es noble hacer bien a otros, y rehuir invitarlos a participar en nuestros infortunios, pues los males se deben compartir lo menos posible. Con todo, debemos llamarlos a nuestro lado cuando han de sernos de ayuda, y recíprocamente está bien acudir de buena voluntad a los que pasan alguna adversidad aunque no nos llamen, porque es propio del amigo hacer bien, sobre todo a los que lo necesitan y no lo han pedido, lo cual es para ambos más virtuoso”.

Herramientas agotadas, sin embargo, herramientas también del futuro, producen seres extraños de ignorante complexión y comportamiento dudoso. Se han vuelto locos de sangre prefabricada y ahora necesitan una mano de verdad, una mano amiga, que pueda habitar en el pasado, con fuerza, justificando el tiempo. “El planeta tierra nunca ha sido tan pequeño”, recordaba Virilio a propósito de la publicidad de una marca de teléfonos celulares. Y, a pesar de ello, nunca han estado algunos (¿los idiotas resentidos, los desheredados verdaderos?) tan cerca de perecer en su desértico abismo. “Ver a distancia, oír a distancia: esa era la esencia de la antigua perspectiva audiovisual –escribe Virilio-. Pero tocar a distancia, sentir a distancia, esto equivale a un cambio de perspectiva hacia un dominio que todavía no se abarca: el del contacto, el contacto a distancia, el telecontacto”.

Aunque también antes, mucho antes incluso de la llegada de los cables, de las nuevas ondas expansivas y de los no-cables, la fábrica de seres producía desiertos para ineptos indigentes e inadaptados enérgicos; amplias extensiones de terreno donde quedar fijados a una obsesión marchita, a cierta insistente manía, alejados de ese rostro del espejo que, al fin y al cabo, es el rostro deseado de la vida.

“Es absurdo hacer al hombre dichoso solitario –explica Aristóteles en su Ética-, porque nadie querría poseer todas las cosas a condición de estar solo”.

Así, cada gesto que niega, cada letra que niega, es un cuerpo de ingratitud inmensa que se exilia a la fuerza, violento y con justicia, a esa tierra vacía de los seres sin palabra.

Seres callados, seres extraños, alimentados del polvo de un camino que carece de retorno.

18/09/2007 23:18 Autor: cuadernogriego. #. Hay 3 comentarios.

9

Pero en toda multiplicación de fracasos queda siempre, excitante y orgulloso, un pétalo secreto de rosa cúbica, una variación distinta de las distintas variaciones que componen, a lo largo de la suma de los días, la magia escurridiza de la vida, ese dolor del alma insufrible que vuelve a secas, o más tarde, para recordar insistente lo maravillosas y extrañas que llegan a ser las cosas. Ya lo dijo en su momento un hombre muy sabio: sólo cuando la desdicha hinca sus dientes se nos da la posibilidad de ser lo que quizá podamos llegar a ser. E incumplida de manera lamentable la primera y más importante de las reglas, la que daba el viejo Kraus al principio del cuaderno, no me queda más remedio, mucho me temo, que asumir el torpe fracaso. ¿Inmiscuirme, entonces, aceptaba interrogante, en mis asuntos privados? ¿Decir algo, por ello mismo, en mi propio nombre, es decir, en nombre propio? Giorgio Colli recordaba, a propósito de asuntos como éste, que Platón, a lo largo de su vigorosa carrera, sólo se nombró a sí mismo en un par de ocasiones. Y, además, como bien escribe Gilles Deleuze, en Lettre a M. Cressole, “Decir algo en nombre propio es muy curioso; porque no es en absoluto en el momento en que uno se toma por un yo, una persona o un sujeto, cuando se habla en su nombre. Al contrario, un individuo adquiere un verdadero nombre propio como consecuencia del más severo ejercicio de despersonalización, cuando se abre a las multiplicidades que le atraviesan de parte a parte, a las intensidades que le recorren”. Por todo ello, desmontado con angustia el equipaje (aunque lo lógico, por otra parte, hubiera sido lo contrario) sólo me queda esperar a la llegada intempestiva de algún ángel, de un sátiro malvado o de una serpiente; suplicar a la impotencia creadora una explosión de los cielos que ordene con firmeza mis entrañas; aguardar a la llegada de ese polvo, de vómito de estrellas o de viento, que apriete y que perfore mi cerebro con la exigencia total de un rayo cósmico. Que injerten entre todos en el hueco palabras inquietantes como árbol, palabras imposibles como risa, palabras misteriosas como muerto. Que habiten en la hora decisiva, al fin y para mí y a todas horas, y engendren, en mi cuerpo y para siempre, una palabra nueva.

28/09/2007 14:38 Autor: cuadernogriego. #. Hay 1 comentario.

y 10

Exterminador, el ángel. ¿Y el espíritu? ¿Y el sátiro? ¿Y la serpiente? “La serpiente que no puede mudar de piel perece. Igual los espíritus a los que se impide mudar de opiniones: cesan de ser espíritus”. Friedrich Nietzsche, Aurora, 573. Aunque, independientemente de ello, ahora ya no soy el mismo. Y antes, apenas hace un par de horas, o un par de escasos minutos, me temo que tampoco; por eso mismo deshago el camino equivocado y vuelvo a casa:

Amor
Obsesionadamente
Adicto a la locura,
Pero no con la forma del lazo
O el poder de la cadena,
Sino con savia de la música,
Con la fuerza que habita, misteriosa,
En el cuerpo liberado de la danza,
En su orgullo rebelde, intenso,
En el gesto que se afirma
Como un gesto único,
Que se acelera curioso
Ante el sabor de los viejos placeres,
De la pasión olvidada
Bajo el sucio mar de la rutina,
De los besos olvidados,
De los nuevos peligros,
En la carne que se ofrece como un verso
Y navega por el cosmos…

(Héroes de piedra que regresan, dejando atrás la tierra calcinada, al filo de la navaja mística).

29/09/2007 10:07 Autor: cuadernogriego. #. No hay comentarios. Comentar.


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