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Exterminador, el ángel. ¿Y el espíritu? ¿Y el sátiro? ¿Y la serpiente? “La serpiente que no puede mudar de piel perece. Igual los espíritus a los que se impide mudar de opiniones: cesan de ser espíritus”. Friedrich Nietzsche, Aurora, 573. Aunque, independientemente de ello, ahora ya no soy el mismo. Y antes, apenas hace un par de horas, o un par de escasos minutos, me temo que tampoco; por eso mismo deshago el camino equivocado y vuelvo a casa:
Amor
Obsesionadamente
Adicto a la locura,
Pero no con la forma del lazo
O el poder de la cadena,
Sino con savia de la música,
Con la fuerza que habita, misteriosa,
En el cuerpo liberado de la danza,
En su orgullo rebelde, intenso,
En el gesto que se afirma
Como un gesto único,
Que se acelera curioso
Ante el sabor de los viejos placeres,
De la pasión olvidada
Bajo el sucio mar de la rutina,
De los besos olvidados,
De los nuevos peligros,
En la carne que se ofrece como un verso
Y navega por el cosmos…
(Héroes de piedra que regresan, dejando atrás la tierra calcinada, al filo de la navaja mística).

