2

Movimiento de giro continuo. De Richard Rorty a Philip Larkin y, de éste, atravesando intervalos de sombra, de nuevo a Rorty.

Por encima de todo: la primera línea del poema de Larkin en el homenaje de Carlos Muñoz Gutiérrez (A parte rei) al filósofo estadounidense: “Y una vez que has recorrido la extensión de tu mente…” Un duro trabajo, sin duda, para expertos en tradiciones que no proceden del tiempo, que son, incluso, anteriores al tiempo. Una tarea imposible que refleja la constante donde, a veces, negadas o traicionadas, se caducan las palabras. Larkin, quizás por ello, se pregunta: ¿Y cuál es el beneficio? Y, a pesar de ello (o precisamente por ello), Rorty sonríe con ironía.

Para Rorty, la literatura es el libro de instrucciones de la felicidad humana. No recuerdo bien qué diablos andaba yo tejiendo el pasado viernes 8 de junio, pero de una cosa estoy bien seguro: estaría guerreando con la vida, con las luchas interiores de la vida, porque entonces no tenía el más mínimo interés en sumergirme en las aguas curativas de la literatura.

¿Era la felicidad así, al otro lado, con esos antecedentes, o uno de sus muchos e incómodos paradigmas? Lo explica a la perfección David Foster Wallace, en una entrevista de 2002 que, ahora, como un milagro, aparece por fin en mi pantalla: “Una obra de ficción –señala David- es una conversación que permite enfrentarse a la soledad esencial del mundo”. Pero, algo aún más importante: el clic –añade David-, el clic que justifica la vida, la literatura y la filosofía, el artefacto perfecto de todos los movimientos de giro continuo:

“La comunicación entre el creador y el lector –concluye David Foster Wallace- es algo extraordinariamente misterioso (…) Lo que llamo el clic es la capacidad de reconocer pensamientos y sentimientos que el lector siente como suyos, pero que no es capaz de verbalizar. Yo, como lector, en el momento de la lectura siento que el autor ha dado con las palabras que necesito para dar expresión a mis sentimientos. No les he dado forma yo, pero no por eso son menos mías: gracias al poeta, al escritor, han sido transfiguradas, y expresadas en una frase de gran belleza. En ese momento, el mundo cobra plenitud, solidez, rectitud”.

Atravesando intervalos de sombra, a este lado imposible de la historia, Auden, Yeats y Joyce, Blake o Rilke, llevarían tiempo trabajando –al igual que Rorty y Larkin, Larkin y Rorty- en la extraña construcción de un extraño artefacto.

A cierta distancia, y de vuelta a casa, la diosa alfabetizada, la alétheia depositada en el centro por los signos de la escritura, procedería a leerse, justo a tiempo, con toda la fuerza del destino, a través del filósofo.

27/07/2007 19:21

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.






Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con iCities, 1001 relatos y el I Encuentro Rural de Blogs.]